- En una larga noche de debate entre amigas apareció esta opción de análisis a la realidad femenina que nos une a muchas mujeres.
El punto de partida para esta hipótesis, y digo hipótesis porque se que puede ser fácilmente refutable, fue que el quilombo empezó cuando el límite impuesto a través de la historia entre hombres y mujeres se hizo difuso. Culpamos entonces, a la guerra.
Justo cuando la mujer empieza a tomar el territorio tradicionalmente conocido como del hombre. Mujer proveedora, económicamente independiente, mujer cazadora y no sólo recolectora. Ah si, el “éxito” llega a las mujeres con disfraz de igualdad. Cuando en realidad, la mujer descubre todas estas capacidades porque el hombre, como Mambrú, se había ido a la guerra. Chirivin, chirivín, chin chin.
Ahí está, nos metimos en su territorio, dándole nacimiento a lo que llamé la MUJER-HOMBRE. Una mujer que no necesita que un hombre le cuelgue un cuadro, o le arregle el cuerito de la canilla. Ella puede hacerlo “todo”. Es estudiante, profesional, madre, tía, amiga, hermana, hija…
El HOMBRE, invadido, encuentra como opción tomar parte de lo que conocíamos como el “territorio de la mujer”. Entonces empieza a descubrir que puede depilarse el pecho, sacar un terrible six pack, aclararse el pelo, hacerse tratamientos de spa, y se sorprende, porque realmente disfruta de todo esto que históricamente era considerado femenino. A esta clase de hombres, es la que llamo HOMBRE-MUJER.
HOMBRE-MUJER y MUJER-HOMBRE en igualdad de condiciones, ahí es dónde encuentro a las parejas destinadas al fracaso, porque se supone que tendrían que caminar juntos por la vida, en lugar de competir.
La MUJER-HOMBRE se puede bancar que el HOMBRE-MUJER la supere en lo relacionado a lo original de su territorio, pero nunca en su área, que es la que manda. Así, la MUJER-HOMBRE no se puede bancar que su HOMBRE-MUJER esté más bueno que ella, o que pase más tiempo haciendo fierros, ya que ella, trabaja 14 horas por día y tuvo que largar el gimnasio.
De la misma manera, el HOMBRE-MUJER no puede tolerar, que su MUJER-HOMBRE gane más dinero que él, o tenga más resistencia al alcohol.
Por otro lado, es muy común que un HOMBRE-MUJER esté en pareja con una MUJER-HOMBRE, dado que comparten muchos intereses en común, suelen tener gustos parecidos y frecuentar los mismos lugares.
Veo complicado, salvo extrañas excepciones, que una relación MUJER-HOMBRE / HOMBRE-MUJER llegue a buen puerto estando como estamos.
Qué es entonces, querida MUJER-HOMBRE lo que creo podría llegar a funcionar? No pensarás que sólo tengo una mirada apocalíptica de la vida amorosa… creo que una MUJER-HOMBRE necesita un HOMBRE-HOMBRE.
Y con HOMBRE-HOMBRE me refiero a un tipo de verdad, no a un Homero Simpson peludo y panzón, futbolero, cervecero, que empiece a comer antes de que te sientes en la mesa… sino a un tipo que pueda ponerte límites a tus humitos de diva todopoderosa, creyendo que vos podés salvar al mundo con una cuchara y un rollo de cinta bifaz a lo McGyver. Porque no tengo dudas que podés, lo que creo, es que no querés.
Lo que querés es que te quieran, que te protejan, que te digan que estás linda a la mañana. Y de a poquito, ir soltando la masculinidad que te creaste porque hace rato que te diste cuenta que no te podés casar con tu viejo, que no sos tu vieja, y que crecer, puta que es difícil.
Si probamos trabajar en eso? Crees que podría funcionar? Bajando un poco los decibeles, mostrando que a veces tenemos miedo, que necesitamos ayuda para abrir el vino, aunque tengamos un posgrado en abrirlos con el taco del zapato? Porque lo que si necesitamos, es que el HOMBRE se vuelva a sentir HOMBRE, para de una vez por todas, poder sentirnos plenamente MUJERES.
Estoy loca o tengo un punto?
sábado, 28 de mayo de 2011
EL HOMBRE - HOMBRE
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