martes, 31 de mayo de 2011

50 first dates

Debo reconocer que encuentro la primera cita un poco perversa y este enfoque, una vez más está basado en mi experiencia propia.
En la charla previa con amigas, siempre me dicen: “se vos misma”, come on, es prácticamente imposible ser “uno mismo” en la primera cita, a no ser que ser uno mismo signifique aparentar otra cosa, cualquiera termine siendo, durante el primer encuentro con un tipo.
Uno de mis primeros síntomas para detectar si un tipo me gusta es que, generalmente no se que hacer con las manos, de pronto me vuelvo muy pendiente de mis brazos y no se dónde ponerlos.
Siempre tengo la extraña sensación de que no vamos a saber de qué hablar, terror a hablar demasiado, o a parecer callada. “Si hay un silencio incómodo me voy al baño” pienso para reconfortarme. Repaso en mi cabeza los temas tabú: no política, no religión, no mencionar posibles familiares que pudieran estar muertos, no relaciones anteriores, por favor, me repito, hablá de lo que quieras pero que ninguna frase contenga las palabras “mi ex”.
Invocate al gran Baco, que el alcohol es un lubricante social y tal vez puedas ser “vos misma”, qué difícil. Años de terapia no lograron que descubra que significa eso, pero aparentemente tengo que serlo delante de este tipo que apenas conozco, pero que tal vez, sólo tal vez, podría algún día ser mi marido. Porque todos los maridos, alguna vez fueron primera cita. El terror me invade una vez más.
La primera cita debe ser el único momento de mi vida en el que, irónicamente, pierdo el apetito… ahí, básicamente, ya no estoy siendo “yo misma”. La realidad es que en mi vida cotidiana, nada, y cuando digo nada me refiero a nada, me hace perder el hambre. Encuentro incluso a las emociones extremas motivo de alimentarme, si estoy triste como, feliz como, nerviosa como, cansada… bueno cansada probablemente sueñe que como.
También me estresa qué pedir de la carta, no pidas pastas para no mancharte, acelga o verdes que puedan quedar en tus dientes, y definitivamente que no pidas ningún plato con cebolla, o ajo, si tenés intenciones de llevarte un beso en algún momento. Además, no hay nada menos motivante que pedir algo de comer cuando no tenés hambre. Dios mío, por qué estamos yendo a cenar???
En el medio de esta escritura, me suena el teléfono, una gran amiga, 

Ella: Qué hacés?
Yo: Escribo
Ella: Leeme
Yo: (le leo)
Ella: Pero por qué aceptás ir a cenar en la primera cita?, en la primera cita se va a tomar algo”. 
Yo: Sabés qué? Tenés razón.
Hasta mañana.

No hay comentarios:

Publicar un comentario